La adicción al trabajo

Vivimos en una cultura donde descansar genera culpa y producir parece valer más que sentir. Poco a poco, el trabajo deja de ser una parte de la vida parte de la vida para convertirse en el centro de todo: el tiempo libre, lo vínculos y hasta el propio bienestar queda relegado. Pasamos a funcionar de manera automática.

El éxito termia midiéndose por el rendimiento: cuanto hacés, cuanto logras. Y eso también se transmite. Los chicos crecen creyendo que su valor depende de cumplir, rendir y no detenerse nunca.

El problema aparece cuando el cuerpo se agota, la cabeza no descansa y sostener ese ritmo se vuelve imposible. Ahí emerge el burnout, el costo de vivir bajo una lógica que exige permanentemente y deja cada vez menos espacio para lo humano.