Ansiedad y estrés

Son señales de que algo interno está en conflicto, aunque no siempre lo tengamos claro.

La ansiedad puede tomar distintas formas. A veces es una reacción lógica frente a un peligro real (por ejemplo, una situación de riesgo). Otras veces aparece como culpa o exigencia interna cuando sentimos que no estamos a la altura de lo que “deberíamos ser”. Y en muchos casos surge sin causa evidente.

El estrés, por su parte, suele sentirse cuando las demandas del día a día nos superan. Pero no es solo externo: lo que nos pasa por dentro —expectativas, miedos, exigencias— también influye en cuánto nos afecta.

Desde esta mirada, el problema no es solo “lo que pasa”, sino cómo lo procesa cada persona.

El trabajo terapéutico apunta a eso: entender qué hay detrás de la ansiedad o el malestar, identificar patrones que se repiten y darle un nuevo sentido a lo que hoy desborda. No se trata solo de aliviar síntomas en el momento, sino de generar cambios más estables en la forma de vivir y afrontar las situaciones.

La Nueva Cyber-Terapia

Un paciente en terapia puede mejorar debido a una gran cantidad de factores. Solo una parte de la mejoría corresponde con la intervención del terapeuta. La familia, otros factores del contexto y diversos acontecimientos de la vida o variables culturales , contribuyen de manera muy significativa. 

Ejercer como terapeuta me brinda el raro privilegio de saber lo que la gente realmente piensa, siente y hace.

La práctica de la psicoterapia permite un estilo de vida en el cual el rol personal y el rol profesional  se complementan el uno con el otro. 

Probablemente uno  de los beneficios de ser terapeuta es lo que aprendemos a diario. Cada paciente nos trae algo nuevo, algo diverso. Sobre cultura, religión, salud. 

Hoy , y gracias a las redes, nuestra labor se ha expandido. Antes la consulta era semanal y presencial, hoy cambió para ser más flexible y remoto. Rompiendo el prejuicio de lo ortodoxo y brindando la mejor calidad psicoterapéutica posible gracias a la virtualidad, sin por eso deteriorar la práctica

Nicolás Wright
info@tuterapia.ar

¿Qué es el inconsciente para Freud?

El “inconsciente” se usa mucho hoy, pero para Sigmund Freud no era una idea difusa ni mística. No hablaba de una “segunda mente” ni de una conexión universal entre personas. Se refería a algo más concreto: contenidos que quedan fuera de la conciencia porque fueron reprimidos.

Eso no significa que desaparezcan. Al contrario: siguen activos. Influyen en lo que sentimos, pensamos y hacemos, aunque no nos demos cuenta. Y mantenerlos fuera de la conciencia requiere un esfuerzo constante.

Freud diferenciaba esto de lo que hoy llamaríamos “tener algo en la punta de la lengua”: ideas que no están presentes en este momento, pero que pueden aparecer fácilmente. Eso no es inconsciente, es preconsciente.

Desde esta perspectiva, el inconsciente no es caótico, pero tampoco funciona como la lógica consciente. Puede sostener contradicciones, no sigue un orden claro en el tiempo y no distingue entre “seguro” o “dudoso” como lo hace la conciencia. Funciona con sus propias reglas.

En la práctica clínica, esto se trabaja a partir de lo que la persona dice sin filtro: asociaciones, sueños, olvidos, errores. Ahí se empiezan a ver patrones. No se trata de buscar “respuestas rápidas”, sino de entender cómo se fue armando el síntoma y qué está sosteniendo hoy.

Pensarlo así lo vuelve más útil: el inconsciente no es un concepto abstracto, sino algo que se manifiesta todo el tiempo en la vida cotidiana.

¿Porqué nos aterran nuestros sueños?

Nuestros sueños y fantasías pueden ser tan extraños y contrarios a nosotros que pueden resultar aterradores. No es algo que estemos dispuestos a admitir fácilmente ante los demás y en muchas ocasiones, ni siquiera los aceptamos ante nosotros mismos.

Pero negarlos es perder una oportunidad de saber un poco más de nosotros.

La adicción al trabajo

Vivimos en una cultura donde descansar genera culpa y producir parece valer más que sentir. Poco a poco, el trabajo deja de ser una parte de la vida parte de la vida para convertirse en el centro de todo: el tiempo libre, lo vínculos y hasta el propio bienestar queda relegado. Pasamos a funcionar de manera automática.

El éxito termia midiéndose por el rendimiento: cuanto hacés, cuanto logras. Y eso también se transmite. Los chicos crecen creyendo que su valor depende de cumplir, rendir y no detenerse nunca.

El problema aparece cuando el cuerpo se agota, la cabeza no descansa y sostener ese ritmo se vuelve imposible. Ahí emerge el burnout, el costo de vivir bajo una lógica que exige permanentemente y deja cada vez menos espacio para lo humano.

Angustia. Miedo. Terror

A veces sentimos miedo y sabemos exactamente a qué le tememos. Otras, en cambio, aparece una sensación difícil de explicar: el cuerpo se acelera, la mente no descansa y algo parece estar mal, aunque no podamos ponerlo en palabras. A eso solemos llamarlo angustia.

El miedo tiene un objeto concreto. La angustia, en cambio, muchas veces aparece sin una causa clara. Y el terror surge cuando una situación nos desborda de manera repentina, sin sentirnos preparados para afrontarla.

La angustia no es simplemente «algo mental». También se siente en el cuerpo: dificultad para respirar, opresión en el pecho, insomnio, pensamientos repetitivos o una sensación constante de alerta.

Muchas veces, aquello que hoy angustia no tiene relación solo con lo presente. Pérdidas, experiencias dolorosas, vínculos inseguros o situaciones que no pudieron elaborarse pueden dejar marcas que reaparecen frente a nuevas situaciones de estrés o incertidumbre.

Cuando el malestar empieza a afectar el descanso, los vínculos, el trabajo o la vida cotidiana, pedir ayuda puede ser importante. La psicoterapia ofrece un espacio para comprender qué hay detrás de esa angustia y encontrar maneras más saludables de atravesarla, en lugar de quedar atrapado en el miedo o el aislamiento.

Curar lo oscuro

Amarse a uno mismo no es una frase motivacional ni algo que sucede de un día para el otro. Es un proceso profundo que implica dejar de escapar de aquello que también somos.

Miedo, inseguridades, heridas, partes nuestras que solemos ocultar o rechazar. Muchas veces vivimos todo eso como si fuera algo ajeno, como si «ese lado» no nos perteneciera. Pero no hay cambio real sin ese primer paro: reconocerlo.

El trabajo personal no consiste en convertirse en alguien perfecto. Consiste en volverse más auténtico, más íntegro, más conectado con uno mismo. Integrar en lugár de negar.

Cuando dejamos de luchar constantemente contra lo que sentimos y empezamos a comprenderlo, algo empieza a ordenarse. La autoestima deja de depender tanto de la mirada de los demás y comienza a constituirse desde un lugar más sólido y verdadero.

La psicoterapia puede ser un espacio para atravesar ese proceso: entender por qué repetimos ciertos patrones, por qué algunas heridas siguen doliendo y cómo empezar a vivir con menos exigencias y más registro de uno mismo.

¿Por qué el Psicoanálisis?

Como psicoanalista, mi enfoque se basa en la comprensión y exploración de los procesos inconscientes y las motivaciones internas de mis pacientes. Considero que la mente humana es compleja y que las experiencias pasadas, los conflictos no resueltos y los deseos reprimidos pueden influir en el comportamiento y el bienestar emocional de una persona.

En mi trabajo como psicoanalista, me centro en establecer una relación de confianza y empatía con mis pacientes. Brindándoles un espacio seguro y libre de prejuicios para que puedan explorar y expresar sus pensamientos, emociones y preocupaciones más íntimas. Escuchando atentamente el relato y prestando atención a los detalles, los patrones recurrentes y los lapsus freudianos, buscando pistas sobre los conflictos subyacentes y las defensas psicológicas utilizadas.

Utilizando la transferencia y la contratransferencia, se reconocen las dinámicas emocionales y cómo las relaciones pasadas pueden influir en la relación terapéutica. Trabajando sobre los sueños y los lapsus lingüísticos como vía para acceder a contenidos inconscientes, descubriendo así significados ocultos.

Es importante también, desarrollar una mayor conciencia de sí mismo y construir narrativas más coherentes y significativas para sus vidas.

En resumen, como psicoanalista, tengo un enfoque profundo y reflexivo para comprender la mente humana y el trabajo, en colaboración con el paciente, ayuda a desarrollar una mayor autoconciencia y a promover un crecimiento personal y emocional.

Amar duele

¿Amar te genera más dudas que tranquilidad?
Es más común de lo que parece.

En las relaciones no todo es intensidad o “magia”. El enamoramiento inicial cambia, y ahí empiezan los conflictos: distancia, inseguridad, discusiones que se repiten o la sensación de no sentirse valorado.

Pero una pareja puede sostenerse y crecer. Cuando hay trabajo, es posible transformar ese inicio idealizado en algo más sólido: confianza, deseo y una forma de vínculo que no desgaste.

En terapia podés entender qué te pasa en tus relaciones, por qué elegís como elegís y cómo construir vínculos más sanos y estables.

Si sentís que el amor se te complica más de lo que te gustaría, es un buen momento para revisarlo.

Nicolas Wright

Resistencias al análisis

Es todo aquello que, en los actos o palabras del analizado se opone al acceso de éste a su inconsciente. Esta se considera un obstáculo para poder comprender lo significados de los síntomas, un impedimento para la tarea analítica y una oposición incluso al mismo analista.

Los pacientes se resisten a la tarea analítica, de manera involuntaria, para salvaguardarse del dolor emocional que implican sus conflictivas. Es un fenómeno que puede causar extrañeza, desconcierto e incluso desesperación en el terapeuta, ya que se manifiesta como un actitud contradictoria en el paciente. Por un lado, consulta y pide ayuda para resolver sus problemas y , por el otro, hay una serie de situaciones que dan cuenta de lo contrario, por ejemplo, permanecer en silencio, llegar tarde, cancelar sesiones, etc.

Las resistencias en el análisis le suceden al paciente. Es éste quien tiene dificultades para dejarse ayudar y profundizar en sus conflictivas, y quien, inconscientemente, va «en contra» del trabajo analítico.

Sin embargo, tomando en cuenta que el trabajo analítico implica dos mentes trabajando con fenómenos del inconsciente, ¿acaso el analista no es también susceptible de oponer resistencias al trabajo analítico?.

De esta forma, el avance en el trabajo analítico encuentra también obstáculos en la mente del terapéuta.

Por lo anterior, es vital que los analistas tengamos un espacio analítico personal donde podamos trabajar todas esas resistencias. En la medida en que estemos dispuestos y logremos llegar a los contenidos más primitivos, conflictivos y profundos de nuestra mente, mayor posibilidad tendremos de lograr dicho contacto con la mente de nuestros pacientes y ayudarlos a progresar y desarrollarse emocionalmente.